Un niño feliz es travieso, inquieto, curioso y… ¡ruidoso!

Los niños son groseros, inquietos, curiosos, tienen berrinches, gritan, desobedecen y tienen mal genio. Los niños corren, saltan, gritan y ríen a carcajadas. Son niños! Están aprendiendo, están descubriendo el mundo, sintiendo sus adultos de referencia, midiendo su fuerza.

Es cierto que es nuestro deber enseñarles a comportarse, mantener la compostura, tener buenos modales, adquirir estrategias para un buen comportamiento. Esto está fuera de toda duda. Sin embargo, les vamos a dar tiempo, les estamos enseñando y se aprenden.

¿Qué pasaría si calmamos todas las inquietudes, gritos, berrinches y travesuras de los niños? ¿Qué pasaría si nunca, bajo ninguna circunstancia, pudieran salir de la línea? ¿Si no pudieran ser niños? Simplemente no crecerían felices, no serían felices, les quitaríamos la capacidad de:

  • Experimenta el medio ambiente y las personas que te rodean.
  • Desarrollar habilidades como la autonomía, la comunicación, la lógica, la templanza …
  • Estimule su inteligencia emocional: las cinco emociones básicas, que son miedo, ira, alegría, tristeza y asco, no funcionarían para controlarlas y dominarlas.
  • Incluso tus momentos de ira y rabia aumentan tu capacidad de discutir, tu memoria, tu capacidad de responder a situaciones complicadas.

Entonces, si en algún momento ves a un niño ruidoso, no mires mal a los padres, no lo recrimines, sé un poco más tolerante … ¡está siendo feliz!

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